Los colores de la Salta profunda, sus silencios apunados, sus perfumes primitivos viven y vibran en cada uno de los paisajes que Mariano Cornejo (1962) expone en Galería Palatina.
Cada paisaje es un paisaje especial. Catorce horas a caballo para encontrarlos. Catorce horas de soledades para escucharlos, para verlos y sentirlos. Paisajes cargados de materia, porque toda Salta es materia. Tallados en la madera vírgen, son paisajes que dejan huella. Con un lenguaje plástico inconfundible, este artista salteño que periódicamente expone en Buenos Aires y en el exterior, cuestiona al hombre moderno que, invadido por otras visiones urbanas, por ruidos y olores violentos, se aleja de su propia naturaleza y de su propio paisaje interior. Como la mirada del cóndor que recorre y cuida su territorio, la mirada de Mariano Cornejo nos muestra su propio paisaje. Soles que se duermen, abajo, en el horizonte y ríos que brillan desde las profundidades del desfiladero. Rojos, verdes y amarillos que recobran su libertad al tiempo que la mirada del espectador recupera la memoria dormida de sus propios paisajes ancestrales, quietos, vibrantes y profundos, para volver a encontrar un centro en sintonía con la naturaleza. Hasta el 13 de noviembre en, Galería Palatina, Arroyo 821.
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